viernes, 24 de enero de 2014

Cuento

By TheWickedNightmare



No sé porque sigo haciendo esto, todos los días viniendo a este lugar a sentarme en la jardinera donde no hay flores que mirar, leyendo un periódico que siempre habla de lo mismo, viendo pasar personas que me incomodan con su andar otras que me maravillan, pero siempre sin hablar. Solo observando robando un poco de lo que hay en sus vidas, imaginando lo que harían. Al pasar un buen rato me levanto y me voy a casa, pero todos los días al salir del trabajo termino en aquel lugar. No sé si sea porque este buscando algo, no se si sea porque estoy olvidando algo, solo que estar en ese lugar, me hace sentirme tan bien como mal.
Nada cambia al ir todos los días, tal vez la decoración si es un día festivo, pero nada más las personas son las mismas. Casi todas con la cabeza cabizbaja perdiéndose de momentos frente a sus narices por andar en sus móviles, escribiendo o hablando cosas que según creen importantes; más importante que un niño maravillado por un globo que ve volar, una niña imitando a la mariposa que acaba de pasar, aquella mujer que sonríe mientras lee su libro. Aquel joven desaliñado con los cabellos largos que lleva una rosa en la mano, o ese gato que encerrado en casa que juega con las cortinas de la ventana. Todos esos momentos que no volverán a pasar, y que ellos se perdieron porque parece que han perdido la capacidad de observar. Se limitan a lo que tienen enfrente, no hay lados no hay atrás solo enfrente. No hay paradas siempre andando. Ya no hay tintas en cartas, hay muy pocos hombres que invitan a tomar café a una dama, las tarjetas de felicitación se llenan cada vez más de polvo en las estanterías, los libros se vuelven cada vez más ligeros y más modernos, las fotografías ya no se toman con cámara los modelos tienen que parecer muñequitos de aparador y todo esto controlado por la maravillosa tecnología que parece encargarse de separarnos en vez de acercarnos hacernos menos sensibles, menos humanos.
Hoy como siempre me he ido al caer la noche. Ya mañana será otro día.
Al despertar desayuno como siempre, me arreglo para ir al trabajo, al salir voy  y como algo a ese restaurante que aun se mantiene al pasar los años, tomo el periódico del estante más cercano y lo pago, camino un rato con el periódico en mano, no se si tirarlo o hacerlo trizas no tiene nada que me llame la atención, ya lo he leído todo, tal vez lo haga un avión y lo heche a volar como cuando era niño o tal vez no. Sé que ya no soy un jovencito pero tampoco soy demasiado anciano como para perder la imaginación. La tarde cae silenciosa solo los pasos de la gente rompen aquel silencio. pero solo pasos porque no hablan, solo pasos porque parece que siempre esta apurada; esta vez he decidido quedarme hasta tarde, mañana es día de descanso. La noche va prendiendo las luces de los negocios y un ruido en la calle hace que todos se pausen, voltean algunos molestos otros asombrados otros ni se inmutan. Es un ruido no molesto realmente, se escucha música y risas y algunos cohetes, los coches comienzan a pararse y la gente a bajarse, voltean a todas partes buscando ese ruido. Finalmente aparecen danzantes en el camino con trajes de colores y sonrisas van regalando dulces a los niños y entregan papeles a los adultos mientras bailan corriendo saltando; hacen todo un espectáculo con acrobacias y malabares, con escupe fuegos y traga espadas es el circo, que nos invita a salir de nuestra absurda rutina, dándonos un instante de luz y dicha. Dándonos un respiro, llevándonos a ese maravilloso mundo de fantasía donde la edad no importa solo saber que tan grande puede ser tu sonrisa.
Las personas sonríen dejan de ver para abajo, guardan sus móviles, levantan a sus hijos y les dan vueltas en el cielo, los jóvenes salen corriendo para comprar bengalas y hacer figuras en el viento, los ancianos sonríen al ver al payaso que les ha regalado un globo y yo me siento tan contento, el silencio que nos rodeaba ahora y me hacía sentir tan vacío se ha roto, se ha llenado de risas, de palabras, de murmuros de suspiros, de gritos de sopresa.

Yo no se que hacia en ese lugar, me sentía perdido en un principio no sabía porque siempre volvía, no había perdido nada o eso creía, pero hoy se que encontrado algo, algo llamado felicidad. Me he despertado de este aletargado sueño llamado rutina, al fin siento mi respirar, mis ganas de saltar, de reír de ser feliz.

8 comentarios:

  1. La rutina siempre atrapará a esas personas que se dedican a respirar y no a vivir...
    ¡SE MUY FELIZ! :):)

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    1. Lo bueno que aun quedamos los que no solo respiramos
      c:
      Saludos

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  2. la rutina mata de forma inexorable. hay que huir de ella

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    1. aunque casi siempre vivimos en una sin darnos cuenta

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  3. Wow me encanto! me hizo reflexionar :) eres muy buena escritora, sigue asi!!

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  4. Me pareció hermoso, y muy cierto. Creo que a todos nos pasa en algún momento el sentirnos así; esa angustia, esa rutinaria tristeza que buscamos romper. Y que llega sin que la esperemos.
    Me encantó, besote.

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    1. Muchas gracias
      Si en algún momento esto llega a pasar
      Saludos

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